miércoles, 16 de enero de 2019

Miércoles 16 de enero

Miércoles de la 1ª semana del t.o.

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron.
Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó.
Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos.
La población entera se agolpaba a la puerta.
Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.
El les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Jesús tuvo su residencia en Cafarnaún la mayor parte de su vida pública. Allí tuvo una intensa actividad y, junto al Mar de Galilea, llamó a sus primeros discípulos. Ahora aparece curando a la suegra de Pedro. Es curioso: Jesús nos cura de nuestras dolencias físicas o morales no para adornar nuestras vidas con su gracia, sino para que sirvamos a los demás. Por eso a la suegra de Pedro «se le pasó la fiebre y se puso a servirles», porque amor con amor se paga. ¿Quién no es lo suficientemente agradecido para perdonar a los demás si Dios nos perdona tanto a nosotros? ¿Quién no podría amar a los demás si Jesús mismo se arrodilla y te sirve, sale a tu encuentro cada mañana, se regala en los sacramentos, te infunde fortaleza y confianza, si te muestra tu propia verdad y cura tus heridas con su amor? Ahora pregúntate, ¿respondo yo al amor de Dios como debo o soy descuidado y olvidadizo? ¿Cómo agradecer todo el bien recibido con actos de amor y compromisos concretos?

Te doy gracias de todo corazón,
Señor, Dios mío,
te diré siempre que tú eres amigo fiel.
Me has salvado del abismo profundo,
y he experimentado tu misericordia.
Me has librado de los lazos de la tentación,
y he experimentado tu misericordia.
Me has hecho revivir, volver al camino,
y he experimentado tu misericordia.
Has curado la fiebre que me impide servir a los hermanos.
Has abierto mis ojos y mis oídos para ver y escuchar a quién me necesita.
Sigue protegiendo mi vida. Sálvame. Confío en ti.

Señor, yo me alegro, porque eres un Dios compasivo.
Me alegro porque eres piadoso y paciente.
Me alegro porque eres misericordioso y fiel.
Señor, mírame. Ten compasión de mí. Dame fuerza.
Protege mi vida. Sálvame. Confío en ti.

Tú, Señor, siempre estás pronto a ayudarme
y a animar mi corazón cuando decae.
Tú, Señor, toma mi corazón de barro
y moldéalo según la grandeza de tu misericordia.
Protege mi vida. Sálvame. Confío en ti.


La compasión y la solidaridad ante el dolor de la gente es un distintivo de Jesús. ¡Cuánto sufre la gente! Detrás de cada puerta hay una historia marcada por el dolor, no se salva ninguna casa. Compartir el sufrimiento de los demás pone mucha luz y profundidad en nuestras vidas marcadas por la prisa y la superficialidad. Para ello es necesario vivir en oración. Sólo un corazón apasionado por Dios puede amar con libertad y verdad a los hombres según el mandamiento nuevo. Jesús no se deja absorber por el bullicio ni el activismo, sino que acude a la oración: lo primero es vivirnos desde Dios. San Juan  de Ávila decía que «más imprime una palabra después de haber estado en oración que diez sin ella» y «no hagas cosa que primero no encomiendes a Dios, pues va tanto en ello o acertar o errar». Sin mística no puede haber acción en nombre de Dios. ¿Pongo a Dios en el primer lugar y lo amo sobre todas las cosas? ¿Se nota eso en el tiempo que le dedico a la oración y en el interés que pongo a la hora de cuidar mis encuentros con el Señor en la Misa dominical y en la lectura diaria del Evangelio?

Vámonos a otra parte. Jesús no se deja retener por los éxitos.

No es bueno dormirse en los laureles
ni asentarse allí donde nos reconocen.
No es bueno mantener nuestro puesto y estatus
mientras otros son marginados y expulsados.

Y sucede cada día, Señor,
aquí y en otros lugares de nuestra tierra.

No es bueno ser el centro del encuentro
mientras hay quienes se quedan fuera, al margen.
No es bueno vivir con abundancia y confort
mientras otros carecen de lo básico y necesario.

Y sucede cada día, Señor,
aquí y en otros lugares de nuestra tierra.

No es bueno que a uno le atienda y sirvan
mientras a otros se les esconde y olvida.
No es bueno tener tanta calidad de vida
mientras hay quienes luchan por ella cada día.

Y sucede cada día, Señor,
aquí y en otros lugares de nuestra tierra.

No es bueno creer que estamos en lo cierto
mientras hay tantos hermanos perdidos.
No es bueno quedarse donde hemos llegado
habiendo tantos caminos que no hemos recorrido.

Y sucede cada día, Señor,
aquí y en otros lugares de nuestra tierra.

¡Vámonos a otra parte!

Florentino Ulibarri


4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

martes, 15 de enero de 2019

Martes 15 de enero

Martes de la 1ª semana del t.o.

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Marcos 1, 21-28

Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios.
Jesús lo increpó: Cállate y sal de él.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte salió.
Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo.
Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Jesús acude a la sinagoga de Cafarnaún, donde enseña. Jesús no es un letrado, ni un sacerdote que oficiaba en el Templo, ni un rabino... Él no tiene poder. Sin embargo, tiene autoridad. El poder brota del dinero, de la posición social, de la fama ganada con las armas o las tretas, por eso no genera respeto, sino miedo. Jesús produce respeto. ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

Señor, Tú hablas con autoridad,
porque has sido enviado por Dios Padre, no eres un entrometido;
porque hablas de lo que sabes, no hablas de oídas;
porque hablas con sencillez, para que te entiendan, no para demostrar lo mucho que sabes;
porque hablas con respeto, nunca con violencia;
porque haces lo que dices, vives lo que hablas;
porque tus palabras buscan nuestro bien, aunque a veces no queramos escuchar lo que me dices;
porque tus palabras reflejan la verdad, sin esconder la luz ni las sombras;
porque tus palabras descubren nuestros fallos para que los superemos, nunca para humillarnos;
porque tus palabras nos recuerdan quiénes somos y lo mucho que valemos para ti;
porque tus palabras, tu mirada, tus gestos y tu vida nos anuncian un mismo mensaje:
que nos amas con todo el corazón y que tu amor nos acompañará siempre.

Señor, ayúdame a hablar como Tú,
a vivir como Tú, a ser como Tú.

Aparece un endemoniado, posiblemente poseído por alguna enfermedad mental como la epilepsia o la esquizofrenia. Entonces Jesús realiza el primer milagro: el poder de Dios reside en Jesús, por eso cura del dominio diabólico. Su autoridad no reside sólo en las palabras, sino en los hechos. No se salvará todo el que dice «Señor, Señor», sino quien cumple la voluntad de Dios. Obras son amores y no buenas razones. La credibilidad de nuestra fe quedará acreditada ante nuestros vecinos sólo si plantamos cara al diablo que atormenta a los hombres con la fascinación consumista, el deseo de poder y aparentar y, como no, con el abandono, la falta de medicamentos, la falta de desarrollo... ¡cuántos niños obligados a trabajar desde pequeños o incluso esclavizados pedirán mañana la curación de sus enfermedades de huesos, de su hambre, de su analfabetismo, de sus heridas de guerra!

Jesús increpa al mal: «cállate». Pero por boca del profeta Isaías sigue preguntándose: «¿a quién enviaré, quién irá por mí?». Pídele al Señor que te mueva siempre a la compasión ante el dolor de cada persona, viva cerca o lejos. Alegra el corazón conmovido de Dios respondiendo: «Aquí estoy, Señor, envíame a mí».

4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

lunes, 14 de enero de 2019

Lunes 14 de enero

Lunes de la 1ª semana del t. ordinario

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.
Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Con el Evangelio de hoy comenzamos el Tiempo Ordinario, el tiempo litúrgico más largo del año (34 semanas) en el que el sacerdote celebra la Eucaristía con ornamentos verdes. Es una invitación a caminar con Cristo, a conocer su vida pública y a profundizar en su persona para mejor amarle.

Por eso, el Evangelio comienza hoy resumiendo la predicación inaugural de Jesús: «Se ha cumplido el plazo», «el Reino de Dios está cerca», «convertíos». Estas palabras se nos proclaman hoy a nosotros: en Jesús, Dios regala un tiempo de salvación para todos los que acojan su palabra (el Reino de Dios) y la pongan por obra (conversión). Hoy sabemos que el dinero no salva al mundo, sino que lo divide injustamente. También sabemos que la felicidad no nos la da el materialismo ni las palabras vacías. ¿Qué sientes en tu corazón que te ofrece Jesús? ¿Es algo nuevo? ¿Es una buena noticia para ti? Cuida su amistad con palabras de agradecimiento y permaneciendo en su amor durante toda la jornada.

En medio de nuestras ocupaciones cotidianas Jesús nos dice «sígueme». Los primeros discípulos responden generosamente y dejan las redes. Él mira hoy amorosamente nuestras vidas y nos llama. Él espera tu respuesta. Dios da una vocación a cada persona. La vocación es cómo Dios quiere hacerte feliz. Hay que responder para ser feliz. Sólo si respondes a la llamada de Jesús estarás en diálogo con Él. ¿Cómo saber lo que Dios quiere de mí? Puede que te llame a la vocación matrimonial, a la vida religiosa o sacerdotal... ahí no acaba la cosa. En la oración Dios deja un poso, ahí te dice cómo quiere que le sirvas y te provoca y da fuerzas para que respondas. En tu vida determinadas personas han sido luz y te han indicado el camino. Dios también habla en los problemas que conmueven tus entrañas: el hambre, las familias rotas, los niños abandonados, los ancianos, los transeúntes... el rostro de Jesús se manifiesta en los hermanos necesitados y te piden una respuesta. Repasa lentamente algunos de estos momentos en tu vida. ¿A dónde apuntan? ¿Qué giro le pide Dios a tu vida? Pide luz para ver y confianza para responder. Da siempre gracias.

Señor Jesús, Tú me llamas, como llamaste a Simón, Andrés, Santiago y Juan, cuando estaban trabajando en sus barcas. Y yo quiero responderte como ellos, sin excusas, sin dejarlo para mañana, con prontitud, inmediatamente. Quiero responder a tus llamadas, a las llamadas de la conciencia y del corazón, a las llamadas de los más cercanos y de los más pobres. 

Señor, tu cercanía, tu amor, tus palabras cambiaron radicalmente la vida de aquellos primeros discípulos. Ayúdame a estar cerca de ti, a acoger tu Palabra y tu amor, para que mi vida cambie, como se transforma el barro en manos del alfarero. 

Señor, Tú hiciste y haces de tus discípulos pescadores de hombres. Qué mis palabras y nuestros compromisos, nuestra alegría y nuestra esperanza anuncien a todos que Tú, Jesús, eres el Amor que siempre nos acompaña y nos salva y el Camino que nos conduce a la Felicidad más grande.

4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

domingo, 13 de enero de 2019

Domingo 13 de enero

Bautismo del Señor C

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Lucas 3, 15‑16. 21‑22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
—«Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
—«Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

A. "En un bautismo general..." Sin preparativos especiales, sin protocolos para personas distinguidas, sin privilegios... Podemos imaginar a Jesús en la fila de aquellos que querían bautizarse. ¿qué te dice esta actitud de Jesús? ¿qué le dices?

B. El Padre desde el cielo proclamó: "Este es mi Hijo, el amado, el predilecto". Jesús es hombre como nosotros, pero también es el Hijo, el Hijo de Dios, Dios mismo. No podemos pensar que Jesús sólo es un hombre excepcional, ejemplar.
Estas palabras también tienen que resonar en nuestro corazón. Dios Padre nos dice continuamente: "Tú eres mi hijo", "Tú también eres mi amado, mi predilecto", porque el  amor de Dios es tan grande que puede amarnos a todos con predilección. Escuchemos en nuestro interior estas palabras del Padre.

C. Si Dios te repite "Tú eres mi hijo" ¿cuál es tu respuesta?
     "Tú eres mi Padre, nada me puede faltar"
     "Confío en ti, Padre"
     "Dame Señor un corazón de hermano"

Te sumerges con nosotros
en las aguas del pecado,
compartiendo nuestra muerte
y manchándote de barro.

Cuando resurges del río
el Jordán se ha transformado,
toda la creación se asombra
tu Reino ya está llegando.

Caminas junto a nosotros,
estás siempre a nuestro lado,
eres el rostro de Dios.
Jesús, amigo, hermano.

Javi Montes, sj

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Un día apareció un hombre en el horizonte
y reavivó las ascuas de nuestra esperanza dormida.

Un día apareció un hombre que tenía magia en la voz,
calor en sus palabras y embrujo en su mensaje.

Un día apareció un hombre con la esperanza en sus gestos,
con la fuerza de su ser y con un corazón grandísimo.

Un día apareció un hombre, que hablaba cual ninguno,
invitándonos a cambiar de vida y convertirnos.

Un día vino un hombre que rompió nuestros esquemas
para hacernos soñadores, tiernos y libres.

Un día apareció un hombre tan sencillo y humilde
que nunca se consideró el centro de sus actuaciones.

Un día apareció un hombre que entabló un diálogo sincero
porque no buscaba ni ensalzarse ni engañarnos.

Un día apareció un hombre que tomó la iniciativa
y abrió una brecha en nuestra vida e historia.

Un día apareció un hombre que se acercó
a los más pobres y marginados de sus hermanos.

Un día apareció un hombre que nos invitó
a ser sus discípulos y a confiar en Dios.

Un día apareció un hombre que nos dio la capacidad
Y nos enseñó el camino para ser hijos de Dios.

Un día apareció un hombre, en su pueblo,
no pudo realizar milagros porque no había fe.

Un día apareció un hombre tan cercano y transparente
Que todo él era reflejo y presencia de Dios.

Un día viniste tú, Jesús.
Ven hoy también, Señor.

Florentino Ulibarri

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Hijo mío: tú no sabes lo que eres,
pues todavía no te reconoces obra de mi amor.
No sabes lo que eres en mí,
e ignoras las posibilidades que hay escondidas en ti.

Despierta y deja los malos sueños:
esa fijación en fracasos, fallos y frustraciones,
en cansancios, caídas y pasos en falso...
Todo eso no es tu verdadero yo.
¡Déjate amar y guiar y... ¡ya verás!

Tu colección de máscaras
y los disfraces que te pones
te pueden ocultar a los ojos de los demás
-quizás a tus propios ojos también-,
pero no pueden ocultarte a mis ojos de Padre.

Esa mirada, tu mirada, que no es clara,
y tu deseo febril, anhelante,
así como tus ambiciones, apetencias y ardores
tan queridos, tan tuyos, tan fuertes...
Todo eso no es tu verdadero yo.
Bajo todo ello, detrás de todo eso,
más allá de tus miedos y dudas,
de tus éxitos y fracasos,
de tu pasado oscuro o yermo...
yo te miro, yo te amo, yo te elijo
y abro las puertas del cielo para mostrártelo.
Tú eres un hijo a quien quiero.

¡Podría decir tantas cosas...!
No de ese tú que busca disfraces,
sino del tú que permanece en mi corazón
y que acuno como Padre/Madre en mi regazo,
del tú que puede aún manifestarse.

¡Haz visible lo que eres para mí!
Sé el sueño hecho realidad de ti mismo.
Activa las posibilidades que he puesto en ti.
No hay ningún don al que no puedas aspirar.
Llevas mi espíritu y mi sello y sangre.

Te beso, te amo, te libero, te lanzo...
Te abro a la vida y te hago dueño.
Y si todo esto es lo que yo hago,
¿qué te impide levantarte, andar y ser?
¡Estás en el mundo por tu bien y mi querer!

¡Sumérgete en la vida y bautízate!

Florentino Ulibarri


4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

sábado, 12 de enero de 2019

Sábado 12 de enero

12 de enero

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Juan 3, 22‑30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.

Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: —«Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él.»

Contestó Juan: —«Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: "Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él." El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.»

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

A. Juan conoce, ama y cumple su vocación: el es el amigo del esposo, el profeta que prepara el camino del Salvador. Sólo eso y nada más que eso. No quiere ser el esposo, no quiere ser el Salvador. Conoce, ama y cumple su vocación. Por eso su alegría está colmada. La tristeza viene cuando no sabemos cuál es nuestra vocación, cuando la conocemos y anhelamos continuamente ser como otro, cuando no cumplimos nuestra misión en la medida de nuestras fuerzas.
           ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
B. Él tiene que crecer y yo tengo que menguar. El sacerdote debe menguar para que las comunidades puedan crecer. Los padres tienen que menguar para que sus hijos puedan crecer. Los catequistas, los educadores tienen que menguar para que los discípulos puedan crecer. Tenemos que menguar. No podemos acaparar todo el protagonismo, todas las iniciativas. No podemos llevar adelante nuestros proyectos de tal modo que resultemos imprescindibles. Tenemos que ayudar a crecer, con discreción, sin que se vea. Cuando menguamos así, además de ayudar a los demás, también nosotros crecemos. Dios nunca nos empobrece, siempre potencia todos nuestros talentos. Crecemos en humanidad, en profundidad, en gratuidad, en amor. Y por lo tanto, en alegría.
           ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
 

Te damos gracias, Padre, por Jesucristo, tu Hijo.
Te damos gracias, Padre, por Juan Bautista.
Te damos gracias, Padre, porque cuentas con nosotros,
para continuar la misión de Juan Bautista.

Que nuestra vida y nuestra voz griten que Tú estás cerca,
en el desierto de aldeas, pueblos y ciudades,
en el desierto del vacío interior de muchas personas.
Que con nuestro compromiso, Señor, Tú allanes los senderos,
eleves los valles de depresión, la desilusión y la desconfianza,
rebajes montes de orgullo y colinas de injusticia,
y endereces deseos y sentimientos torcidos.

Padre nuestro, danos la fuerza de tu Espíritu,
para seguir el estilo de vida de Juan Bautista,
para abrazar su pobreza y su austeridad,
para defender la verdad con palabras directas y certeras,
para ser humildes y no pretendamos grandezas humanas,
para que nunca queramos ser salvadores de nada y de nadie,
para que en nuestro corazón el pecado mengüe y Cristo crezca.

 
4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

viernes, 11 de enero de 2019

Viernes 11 de enero

11 de enero

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Lucas 5, 12‑16

Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: —«Señor, si quieres puedes limpiarme.»

Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: —«Quiero, queda limpio.»

Y en seguida le dejo la lepra. Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie, y añadió: —«Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste.»

Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar.

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

A. Cristo ha venido, se ha hecho hombre para curarnos de todo aquello que nos separa de Dios y de los hermanos… Damos gracias.

B. ¿Qué te separa de Dios y de los hermanos? Pide a Dios luz y sabiduría para conocer con exactitud cuál es tu verdadero problema. No es sencillo saberlo. Se oculta tras las apariencias. A veces es bueno recurrir a sacerdotes o a personas expertas en humanidad que nos ayuden en esta reflexión.

C. Señor, si quieres puedes limpiarme. Señor, si quieres puedes limpiarme. Señor, si quieres puedes limpiarme. El Señor puede y quiere limpiarnos. ¿Tenemos fe para poder acoger la curación, la salvación que Él nos ofrece?
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

Tú no eres Señor, un Dios impasible,
no eres distante y duro con los hombres.
Tú conoces nuestra debilidad,
nuestras tendencias orgullosas, violentas y egoístas.
Conoces bien todas nuestras miserias.
Tú eres misericordioso y compasivo
Tú padeces y con-padeces,
Tú eres compasión.

Compadécete de nosotros.
Se tú mismo, Señor.
Ven, Señor, a socorrernos
Si nos ves caídos, levántanos con la mano de tu Espíritu
Si nos ves enfermos, cúranos con el aceite de tu Espíritu
Si nos ves manchados, límpianos con el agua de tu Espíritu
Si nos ves cobardes, fortalécenos con el fuego de tu Espíritu.
Si nos ves engañados, enséñanos con la luz de tu Espíritu.
Si  nos ves tristes, alégranos con la risa de tu Espíritu.
Si nos ves mezquinos, agrándanos con el amor de tu Espíritu
Si nos ves solos, acompáñanos con la presencia de tu Espíritu y de tu hijo 

y quédate con nosotros, dulce huésped, 
o métenos dentro de tu inmenso Corazón.
 
 4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

jueves, 10 de enero de 2019

Jueves 10 de enero

10 de enero

1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
     "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
     "Ayúdame a sentir tu cercanía",
     "Quiero estar contigo, Jesús".

2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Lucas 4, 14‑22a

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista.
Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: —«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

3. Reflexiono y rezo. Respondo. 
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

A. Jesús se presenta en la sinagoga de su pueblo. Y allí anuncia con claridad cuál es su misión. Indirectamente nos está diciendo quién es: el Mesías que anunciaron Isaías y todos los profetas. ¿Cuál es realmente tu misión en la vida? ¿a qué te llama Dios?

B. En la misión de Jesús ocupan un lugar preferente los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos, los ciegos... ¿y en tu misión, en tu vida de cada día ¿qué lugar ocupan? ¿qué te dice Dios? ¿qué le dices?

Me alegro
por quien sale del lodo
y recobra la esperanza.

Por el hombre
que aprende a amar,
escribiendo una historia
llena de cotidianeidad
y algún que otro instante mágico.

Por ti,
que das a Dios
una oportunidad.

Y por ella,
que no se deja vencer
ante lo injusto.

Me alegro por aquel
que planta cara al miedo;
por ese otro,
que perdona
y sigue adelante.

Por mí,
porque amo, y río, y lloro,
y creo, y dudo,
y estoy vivo.

Y porque nunca estamos solos,
me alegro contigo,
Dios-con-nosotros.
 
C. Hoy también se cumple esta Palabra. El Espíritu de Dios está sobre ti y sobre cada persona. Y nos da fuerza para desarrollar nuestra misión.
     "Gracias Señor por tu Espíritu"
     "Espíritu Santo, condúcenos, fortalécenos"

Habla el espíritu, y dice: ‘ahora’.
Señala a Dios
encarnado en caminante
de pasos incansables,
ávido de vida, de paz y de justicia.

Habla el espíritu y acalla el ruido.
Apunta al ciego y susurra: ‘un día verás’.
Señala al preso y promete: ‘serás libre’.
Acuna al herido y calma su dolor.

Habla el espíritu, con estruendo o bajito,
en palabras y gestos, en destellos divinos
y el que lo escucha se sabe enviado;
se siente elegido, se comprende hijo.
Habla el espíritu, y nos dice: ‘ahora’.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj


4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.